
Los sueños que no se dicen,
se reinventan en la mente
hasta que desquebrajados
los vomita la mano que escribe.
El poema que busca al lector
desprecia la mano que le dio vida.
Aquí se encuentra de nuevo el folio en blanco
ante la necesidad de desflorar.
Se desflora ante la abeja de la realidad
que deseosa de la primavera
desflora sombras pasadas y destellos futuros.
Desesperada la metáfora
busca una excusa que le de vida.
Rizar el rizo es desdecir al silencio.
Deseperado de la noche,
sabe qué pasa.
La vida le recompensa
mediante el premio de más fuerza
que le otorga la debilidad.
Sabe que nada sabe,
No sabe nada y parte sin prejuicios.
Pero reconoce la simpleza y la ama.
No sabe la simpleza de la libertad,
pero sabe que significa algo.
Las aspiraciones elevadas le presionan al suelo
y las desgracias le hacen volar.
No desconfía de nadie, porque nada teme.
Cuando la realidad lo tortea,
piensa que todo pudo ser peor.
Continúa su camino por deuda de lo que por él hicieron
y no se plantea caer aunque la realidad sea su yugo.
No abandona
Porque el pesimismo se le presenta como ajeno.
Ante los demás parece raro porque sabe lo que quiere.
Quiere elevarse para mirar por encima del hombro todas las pesadumbres.
Hen 18-Junio-2010